Casa Rosicler
Si bien nuestra reflexión y acción arquitectónica ha estado centrada durante medio siglo en el sur de Chile (principalmente en el archipiélago de Chiloé), en 1996 recibí el encargo de mi hermano, geólogo, de remodelar y ampliar para su familia una vivienda de hormigón de un piso, ubicada en el casco histórico de Quillota.
La propuesta conservó el antejardín y su estacionamiento, mientras la vivienda existente se amplió siguiendo una interpretación de la arquitectura «a la chilota», incorporando la madera como material protagónico. Sobre esta base se construyó un nuevo volumen de tres niveles, definido por una cubierta curva que le otorga una expresión unitaria y reconocible.
La intervención, de 278 m², se emplazó en el centro de un terreno de 740 m², permitiendo liberar el entorno inmediato de la vivienda para incorporar una piscina y su paisajismo. Esta disposición buscó optimizar el asoleamiento y, al mismo tiempo, establecer una relación abierta con el paisaje, asegurando desde los balcones las vistas hacia el valle.
La materialidad y la forma construida se integran así a una propuesta de fuerte identidad, en la que la madera, la cubierta curva y su relación con el terreno adquieren especial protagonismo. La casa fue pintada en un tono rojizo como homenaje al mineral rosicler, conocido como «plata roja», dando origen a una presencia arquitectónica estrechamente vinculada con su nombre.
